En el instante preciso en que Rogelio levantó la pluma del papel, soltó un suspiro largo y profundo. El color regresó a sus mejillas. La tensión en su mandíbula desapareció. Se tocó el pecho, buscando el dolor, buscando esa garra de fuego que lo había estado torturando durante días.
No estaba.
El dolor se había esfumado. Como si nunca hubiera existido.
Rogelio se puso de pie. Sus piernas, antes débiles, ahora lo sostenían con firmeza. Miró a su alrededor, aturdido. Se sentía ligero, increíblemente ligero, como si se hubiera quitado una armadura de plomo que llevaba puesta desde hacía años.
—Se ha ido... —susurró, incrédulo—. Se ha ido por completo.
El abogado Martínez miraba los documentos firmados como si fueran una sentencia de muerte.
—Don Rogelio... acaba de regalar una fortuna de quinientos millones de dólares. Ya no es dueño de esta casa. Legalmente, ya no tiene autoridad sobre nada. Mañana... mañana tendremos que desalojar.
Rogelio miró al abogado y luego soltó una carcajada. Una risa limpia, sonora, que asustó a los presentes.
—¿Regalar? No, Martínez. No regalé nada. Solo devolví lo que nunca fue mío.
Se acercó a Carmen y le entregó la carpeta con los documentos legales. Ella la tomó con respeto, pero sin codicia.
—Esto servirá para construir las escuelas y el hospital que prometieron y nunca hicieron —dijo ella—. Tu deuda está pagada, Rogelio.
Carmen se dio la vuelta para marcharse, pero esta vez se detuvo y miró al ex-millonario.
—Puedes quedarte en la casa de huéspedes del jardín si quieres, mientras encuentras a dónde ir. No somos monstruos. No te dejaremos en la calle como tú hiciste con nosotros.
Rogelio asintió humildemente.
Los días siguientes fueron un escándalo nacional. La prensa no hablaba de otra cosa: "El Millonario Loco que Regaló su Imperio". Los socios comerciales de Rogelio lo llamaban idiota. Sus "amigos" de la alta sociedad dejaron de contestar sus llamadas en cuanto supieron que ya no tenía dinero.
Rogelio se mudó a una pequeña habitación alquilada en el pueblo. Sin lujos, sin sirvientes, sin autos blindados.
Un mes después, el doctor Hoffman se encontró con él en la plaza del mercado. Rogelio estaba comprando frutas, vistiendo una camisa sencilla de algodón. Se le veía diez años más joven. Ya no tenía esa mirada dura y desconfiada de antes.
—Don Rogelio... —saludó el médico con cautela—. ¿Cómo se siente? ¿Ha vuelto el dolor?
Rogelio sonrió mientras mordía una manzana fresca.
—Doctor, nunca me había sentido mejor en mi vida. Dormí ocho horas seguidas anoche. ¿Sabe cuánto hacía que no dormía sin pastillas? Veinte años.
—Aún no entiendo qué pasó médicamente —admitió el doctor—. Era imposible que usted tuviera tanto dolor sin una causa física.
Rogelio le puso una mano en el hombro al doctor.
—Se equivoca, doctor. La causa física existía. Mi billetera estaba demasiado llena y estaba aplastando mi conciencia. El dinero mal habido es como un cáncer; no te mata rápido, te pudre lentamente mientras te hace creer que eres poderoso. Tuve que perderlo todo para ganar mi vida de nuevo.
Rogelio se alejó caminando tranquilo entre la gente, saludando a los vecinos que antes le temían y ahora lo respetaban. No tenía un centavo en el banco, pero por primera vez en su vida, era un hombre verdaderamente libre.
A veces, aferrarnos a lo material es lo que nos causa el mayor sufrimiento. Creemos que poseemos las cosas, pero en realidad, las cosas nos poseen a nosotros. La verdadera paz no tiene precio, y la justicia, aunque tarde, siempre llega para equilibrar la balanza.
Si esta historia te hizo reflexionar, compártela. Nunca sabes quién necesita leer esto para soltar esa carga que no lo deja vivir.
Si vienes desde Facebook, seguramente te quedaste con el corazón en la boca y la…
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con el corazón en un puño al leer…
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…
Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…