El Peso de la Justicia

La Prometida del Multimillonario Humilló a la Limpiadora por un Anillo de Diamantes, pero la Nueva Asistente Reveló un Secreto que Valía Millones

La Verdad en Alta Definición

Don Roberto se quedó paralizado. Su mano, que había estado intentando calmar a Vanessa, se detuvo en el aire. Sus ojos se clavaron en la pantalla gigante que dominaba la sala de juntas.

El video que se reproducía no dejaba lugar a dudas. La calidad era nítida, el audio perfecto. Había sido grabado apenas tres días antes, en un restaurante exclusivo al otro lado de la ciudad, un lugar donde Vanessa solía ir con sus "amigas".

Pero en el video no estaba con amigas.

En la pantalla, Vanessa aparecía sentada en una mesa privada, con una copa de champán en la mano. Frente a ella estaba sentado un hombre que todos en esa sala reconocimos al instante: Carlos Mendieta.

Mendieta no era un simple conocido. Era el mayor rival comercial de Don Roberto, el hombre que llevaba años intentando comprar la empresa de manera hostil y destruir el legado de la familia Valladares. Eran enemigos jurados.

El audio del video llenó la sala de juntas, retumbando en las paredes.

Brindemos, querida —decía Mendieta en la pantalla, con una sonrisa de tiburón.

Por el futuro —respondía la Vanessa del video, chocando su copa—. Y por la estupidez de Roberto.

En la sala real, Don Roberto palideció. Se soltó del agarre de Vanessa como si ella quemara. Ella estaba temblando, las lágrimas falsas ahora eran lágrimas de pánico real.

—¡Roberto, déjame explicarte! —chilló ella—. ¡Está sacado de contexto! ¡Estaba intentando espiarlo para ti!

—¡Cállate! —bramó Roberto. Fue un grito tan potente que los cristales de las ventanas vibraron. Nunca lo había escuchado levantar la voz así. Se giró hacia la pantalla—. Sube el volumen.

Obedecí. En el video, la conversación continuaba.

¿Ya tienes acceso a las cuentas en las Islas Caimán? —preguntaba Mendieta.

Casi —respondía Vanessa, riendo—. El viejo es tan tonto que me dio su contraseña maestra pensando que era para organizar la lista de invitados de la boda. En cuanto firmemos el acta de matrimonio y no haya acuerdo prenupcial, la mitad de sus acciones son mías. Y entonces, Carlos, te venderé mi parte por el precio que acordamos.

¿Y qué pasará con Roberto? —preguntaba el hombre.

Vanessa, en la pantalla, puso una cara de disgusto y se encogió de hombros.

Que se pudra. Estoy harta de fingir que me importan sus aburridas historias de negocios y sus obras de caridad. En cuanto tenga el dinero, me divorcio y me voy a Mónaco. Él se quedará en la ruina y con el corazón roto. Patético.

El video terminó. La pantalla se fue a negro, pero las últimas palabras, "Patético", parecieron quedar flotando en el aire denso de la oficina.

Don Roberto estaba inmóvil. Su rostro había pasado de la palidez a un rojo intenso de furia contenida. Se giró lentamente hacia Vanessa. Ella estaba arrinconada contra la pared, sollozando, con el maquillaje corrido, pareciendo muy pequeña y muy vulgar comparada con la elegancia que fingía tener minutos antes.

—¿Patético? —preguntó Roberto en un susurro que daba más miedo que sus gritos.

—Mi amor, por favor... me obligaron... me extorsionaron... —Vanessa intentaba inventar una mentira sobre la marcha, pero ya no tenía salida.

—¡Suficiente! —intervino el abogado de la empresa, uno de los hombres que había estado callado hasta ahora. Se levantó y se ajustó las gafas—. Don Roberto, esto constituye conspiración para cometer fraude, espionaje industrial y violación de varios acuerdos de confidencialidad. Tengo suficiente aquí para llamar a la policía federal ahora mismo.

La palabra "policía" fue el detonante final. Vanessa perdió toda compostura. Se lanzó a los pies de Roberto, agarrándose de sus pantalones.

—¡No, Roberto, no me hagas esto! ¡Te amo! ¡Fue un error, estaba confundida! ¡Podemos ir a terapia! ¡La boda es en una semana, ya está todo pagado!

Roberto la miró desde arriba con una frialdad glacial. Luego, miró hacia donde estábamos Doña Marta y yo. Vio a la señora de la limpieza todavía frotándose la mano golpeada, vio la mancha de café en la alfombra y ató cabos sobre lo que había pasado antes de su llegada.

—Dime una cosa, Clara —me preguntó Roberto, ignorando los llantos de Vanessa en el suelo—. Antes de que yo entrara... ¿qué pasó aquí exactamente?

Respiré hondo. Era mi momento de la verdad.

—Ella tiró el café a propósito, señor —dije con claridad—. Insultó a Doña Marta. La pateó. Y le ordenó que recogiera el café del suelo con los dientes si quería conservar su trabajo para pagar las medicinas de su nieto.

Los ojos de Roberto se cerraron por un momento, como si sintiera un dolor físico. Cuando los abrió, estaban llenos de una determinación de acero.

Se agachó, no para consolar a Vanessa, sino para soltar sus manos de su pantalón con fuerza.

—Levántate —le ordenó.

Vanessa se puso de pie, temblando, con un hilo de esperanza en los ojos.

—¿Me perdonas? —preguntó ella.

Roberto se quitó el anillo de compromiso de su propio dedo (él llevaba una banda a juego con la de ella) y lo puso sobre la mesa.

—La boda se cancela —dijo con voz firme—. Y quiero que devuelvas el anillo que tienes en el dedo. Ahora.

—Pero... es mío... fue un regalo... —protestó ella, cubriendo su mano izquierda. El anillo valía medio millón de dólares.

—Fue un regalo condicionado a un compromiso que acabas de romper —intervino el abogado—. Devuélvelo o añadiremos "robo mayor" a la lista de cargos que presentaremos ante el fiscal en una hora.

Vanessa, llorando de rabia, se arrancó el anillo y lo lanzó contra la mesa. El diamante golpeó la madera y rodó hasta detenerse frente a Doña Marta.

—Bien —dijo Roberto—. Ahora, lárgate. Seguridad te acompañará hasta la salida. Y Vanessa... si vuelvo a verte cerca de mi empresa, de mi casa o de cualquiera de mis empleados, te juro por la memoria de mi padre que pasarás el resto de tu juventud en una celda.

Dos guardias de seguridad, que habían sido llamados silenciosamente por el abogado, entraron y tomaron a Vanessa por los brazos. Ella gritaba y pataleaba mientras la arrastraban fuera de la sala de juntas, sus insultos desvaneciéndose por el pasillo.

Cuando las puertas se cerraron, el silencio volvió. Pero esta vez era diferente. Era un silencio de alivio.

Roberto se aflojó la corbata y se dejó caer en su silla, pareciendo diez años más viejo en cuestión de minutos. Se cubrió el rostro con las manos.

Todos nos quedamos quietos, sin saber qué hacer. ¿Debíamos irnos? ¿Debíamos decir algo?

Entonces, Roberto levantó la vista y miró a Doña Marta.

—Marta, acércate, por favor —dijo suavemente.

La señora se acercó con miedo, retorciendo su delantal.

—Perdóneme por el escándalo, Don Roberto. Yo limpio esto ahorita mismo y me voy... —empezó a decir ella.

—No —la interrumpió él—. No vas a limpiar nada. Y ciertamente no te vas a ir.

Roberto se puso de pie, caminó hacia ella y, para sorpresa de todos, le tomó las manos callosas entre las suyas.

—Lamento profundamente lo que pasó en mi casa —dijo él—. Lamento no haber visto antes la clase de monstruo que tenía a mi lado. Usted ha trabajado para mi familia por veinte años, Marta. Usted me vio crecer. Y que alguien la haya tratado así bajo mi techo es imperdonable.

—No se preocupe, señor... —susurró ella, conmovida.

—Sí me preocupo —dijo Roberto—. Y voy a arreglarlo.

Se giró hacia el abogado.

—Martínez, redacta un documento ahora mismo. Quiero transferir la propiedad de la casa de invitados de la finca a nombre de Marta. Y quiero que la fundación de la empresa cubra el 100% de los gastos médicos de su nieto, de por vida. En los mejores hospitales.

Marta soltó un grito ahogado y se llevó las manos al pecho.

—¡Señor! ¡No puedo aceptar eso! ¡Es demasiado!

—Es lo justo —insistió Roberto—. Y una cosa más... a partir de hoy, estás jubilada con sueldo completo. Ya no tienes que limpiar los desastres de nadie. Ve a cuidar a tu nieto.

Marta rompió a llorar, pero esta vez eran lágrimas de alegría. Abrazó a Roberto, y él, el gran magnate intocable, le devolvió el abrazo con fuerza.

Luego, se giró hacia mí. Yo estaba junto al proyector, desconectando mi teléfono, intentando pasar desapercibida.

—Y tú... —dijo, mirándome fijamente.

Tragué saliva. ¿Había ido demasiado lejos? ¿Me despediría por haber hackeado, técnicamente, su privacidad para obtener ese video?

—Clara, ¿verdad? —preguntó.

—Sí, señor.

—Tienes agallas —dijo, y por primera vez en toda la mañana, una pequeña sonrisa apareció en su rostro—. Y tienes habilidades que claramente estamos desperdiciando sirviendo café.

Caminó hacia mí y me extendió la mano.

—El puesto de Jefe de Ciberseguridad está vacante desde hace un mes. El salario es el triple de lo que ganas ahora. Y incluye un bono por... "servicios de protección personal". ¿Te interesa?

Miré su mano extendida. Miré a Doña Marta sonriendo entre lágrimas. Miré la sala de juntas donde, minutos antes, reinaba la crueldad, y donde ahora empezaba a respirarse justicia.

Estreché su mano con firmeza.

—Me interesa, señor.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

Página: 1 2 3

Anna Arteaga

¡Hola a todos! Soy Anna Arteaga, una alma apasionada por los bonsáis. Mi fascinación por estos árboles en miniatura comenzó en la infancia. Este blog es mi espacio para compartir mi pasión transformada en arte, y para ofrecer consejos prácticos y tutoriales que ayuden a cultivar y mantener la belleza de estos pequeños tesoros de la naturaleza.

Entradas recientes

Empresario Millonario Encuentra a sus Padres en la Calle Tras Descubrir una Estafa en la Escritura de la Mansión

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…

6 días hace

La Venganza del Granjero Millonario: El Cheque que Compró la Concesionaria y Despidió al Gerente

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…

1 semana hace

El Dueño Millonario del Hotel Humilló a la Mujer que Intentó Echar a su Nuera Inválida de la Gala de la Herencia

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…

1 semana hace

El Dueño Millonario del Restaurante la Humilló, pero su Talento en el Piano Reveló una Herencia Secreta de Millones de Dólares

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…

1 semana hace

El Multimillonario Regresó a su Lujosa Mansión y Descubrió el Secreto de la Criada con sus Herederos: Una Verdad que Ningún Dinero Puede Comprar

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente…

1 semana hace