La Ejecutiva Humilló al "Mendigo" Sucio, Sin Saber que era el Dueño Millonario de la Empresa y su Nuevo Jefe
El silencio en la oficina era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Todos los empleados, que minutos antes fingían trabajar, ahora estaban de pie, observando la escena con la boca abierta.
Roberto, el Gerente General, se apresuró a agacharse. Sus rodillas crujieron al tocar el suelo. Con manos temblorosas, recogió el papel arrugado que Valeria había despreciado. Lo alisó con cuidado excesivo, como si se tratara de un manuscrito sagrado o un cheque por un millón de dólares, y se lo entregó a Don Jacinto con ambas manos.
Valeria estaba paralizada. Su mente intentaba procesar la información a toda velocidad, buscando una salida, una excusa, algo que pudiera decir para arreglar el desastre monumental que acababa de provocar.
—Don Jacinto... —balbuceó Valeria, su voz arrogante ahora reducida a un susurro patético—. Yo... yo no sabía. No tenía idea de quién era usted. Por favor, entienda, son las políticas de seguridad... la imagen corporativa...
El anciano tomó el papel de manos de Roberto y lo desdobló con calma exasperante. No miró a Valeria mientras hablaba.
—¿Imagen corporativa? —repitió él, con una ironía que dolía más que un grito—. ¿Usted cree que la imagen de esta empresa se basa en trajes caros y oficinas de cristal, señorita?
Don Jacinto empezó a caminar lentamente alrededor de Valeria, como un depredador acechando a su presa, aunque sus pasos eran lentos y pesados por las botas de trabajo.
—Permítame presentarme adecuadamente, ya que no me dio tiempo hace un momento —dijo él, deteniéndose frente a ella—. Soy Jacinto Mondragón. Fundé esta compañía hace cuarenta años.
Valeria tragó saliva. Conocía el nombre. Todos conocían el nombre. "Grupo Mondragón" era el conglomerado dueño de la empresa. Pero en las fotos de las revistas de negocios, Jacinto Mondragón siempre aparecía con esmoquin, o simplemente no aparecía. Se decía que era un multimillonario excéntrico que vivía retirado en sus haciendas. Nadie le había dicho que le gustaba vestirse de obrero.
—Yo no empecé en una oficina con aire acondicionado, jovencita —continuó Don Jacinto, levantando sus manos para mostrarlas. Estaban llenas de callos y cicatrices—. Yo empecé cargando sacos de cemento. Empecé mezclando grava y arena. Empecé con estas manos sucias que a usted tanto le asquean.
Roberto intervino, intentando suavizar la situación, sudando frío. —Señor Presidente, estoy seguro de que la Licenciada Valeria solo intentaba proteger el protocolo. Ella es muy... celosa de su deber. Podemos ir a mi oficina, tengo café recién hecho...
—¡Cállese, Roberto! —ordenó Don Jacinto sin levantar la voz, pero con una autoridad que hizo que el gerente retrocediera un paso—. No voy a ir a ninguna oficina. Estoy muy cómodo aquí, en la recepción, donde se trata a la gente de verdad.
Don Jacinto volvió a clavar sus ojos en Valeria. Ella sentía que las piernas le fallaban. Quería llorar, quería desaparecer, pero el miedo la mantenía clavada en su sitio.
—¿Sabe qué es este papel? —preguntó él, levantando la hoja arrugada.
Valeria negó con la cabeza, incapaz de articular palabra.
—Es el contrato de compra de los nuevos terrenos para la expansión de la planta en el norte. Una operación de cincuenta millones de dólares que acabo de cerrar personalmente esta mañana, en el terreno, con los ejidatarios. Por eso vengo sucio. Porque fui a darles la mano a los hombres que trabajan la tierra, no a firmar papeles en un escritorio de caoba.
La magnitud del error de Valeria cayó sobre ella como una losa de concreto. Había tratado como a un mendigo al hombre que acababa de asegurar el futuro de la compañía.
—Vine aquí directamente para entregar esto a jurídico —siguió Don Jacinto—, porque no confío en mensajeros para documentos de este valor. Pero me encuentro con que la encargada de "Recursos Humanos", la persona que se supone debe entender el valor de las personas, es incapaz de ver más allá de un par de botas manchadas.
—Lo siento... lo siento mucho, señor —logró decir Valeria, con lágrimas de humillación corriendo por su maquillaje perfecto—. Le juro que no volverá a pasar. Deme una oportunidad. Tengo una hipoteca, tengo deudas...
Don Jacinto soltó una risa seca, sin humor.
—¿Deudas? ¿Usted cree que la pobreza es lo peor que le puede pasar a alguien? —El anciano se acercó más, invadiendo el espacio personal de Valeria, obligándola a oler el polvo y el sudor de su ropa—. Usted me dijo que yo dañaba la imagen de la empresa. Que no servía ni para conserje.
El anciano se giró hacia el resto de la oficina.
—Escuchen todos —dijo en voz alta—. Un título universitario puede colgarse en la pared. Un traje caro se puede comprar con una tarjeta de crédito. Pero la educación... la verdadera educación se ve en cómo tratas a quien no puede hacer nada por ti.
Luego, miró a Roberto.
—Roberto, ¿cuánto tiempo lleva esta mujer trabajando aquí?
—Tres años, señor —respondió el gerente rápidamente.
—Tres años en los que seguramente ha humillado a mensajeros, a personal de limpieza, a candidatos nerviosos... —Don Jacinto negó con la cabeza—. He tolerado pérdidas financieras, he tolerado crisis de mercado, pero hay algo que no tolero en mi casa: la soberbia.
Valeria intentó tomar la mano del anciano, desesperada. —¡Por favor! ¡Tengo familia! ¡Fue un error de juicio!
Don Jacinto retiró su mano suavemente, pero con firmeza.
—No, hija. No fue un error. Fue una demostración de carácter. Y el carácter no se arregla con una disculpa cuando te atrapan. Se demuestra cuando crees que tienes el poder.
El anciano sacó un bolígrafo barato del bolsillo de su camisa y escribió algo rápidamente en el reverso del contrato millonario.
—Tome —le extendió el papel a Valeria.
Ella lo tomó con manos temblorosas, pensando que tal vez era una nota de amonestación, una suspensión temporal. Tenía la esperanza de salvar su puesto, su estatus, su vida de lujos.
Bajó la vista para leer lo que el dueño había escrito. Al leer las palabras, sus rodillas finalmente cedieron y tuvo que sostenerse del mostrador para no caer al suelo.
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇
-
Buenas Reflexión
Deja una respuesta
Artículos Recomendados