El Testamento Millonario y la Huérfana del Internado: La Deuda Oculta de una Herencia Maldita

Niño habla con un adulto.

La Mansión de Papel y las Firmas Falsas

Mauricio Santillán no perdió el tiempo. Pidió que lo llevaran a la oficina principal del centro, un espacio pequeño y atiborrado de archivadores que olían a papel viejo y corrupción. Mientras caminaba, notaba cómo las demás trabajadoras lo seguían con la mirada, cuchicheando en los rincones. El ambiente se había vuelto hostil. La noticia de que un abogado de la ciudad estaba preguntando por los millones de dólares se había extendido como pólvora.

Sentado en el escritorio del director, Mauricio empezó a revisar los libros contables físicos. Era un desastre organizado. Facturas de comida por montos astronómicos que claramente nunca llegaron a las mesas de los niños; recibos de mantenimiento de instalaciones que seguían cayéndose a pedazos. Pero lo más grave era la sección de "Donaciones Especiales".

—Dígame, Carmen —dijo Mauricio sin levantar la vista de los papeles—, ¿por qué los recibos de retiro en efectivo tienen una firma que se parece tanto a la suya, pero intenta imitar la letra de una mujer muerta?

Carmen, que estaba de pie junto a la puerta, sintió que las piernas le fallaban. No respondió. En ese momento, el teléfono de la oficina sonó. Era una llamada de la firma de abogados que gestionaba la herencia de Alberto De la Vega. Mauricio contestó.

—Santillán, tenemos un problema —dijo la voz al otro lado—. Acabamos de descubrir que el testamento original fue modificado hace tres años. Hay una cláusula nueva que dice que, si la niña Lucía fallece o desaparece, la totalidad de los fondos acumulados pasan a ser propiedad de la administración del centro de socorro.

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Mauricio sintió que la sangre se le congelaba. Miró a Carmen. Ya no veía a una mujer asustada, sino a alguien que se sentía acorralada. Y una persona acorralada es capaz de cualquier cosa para proteger su libertad.

—¿Dónde está Lucía ahora mismo? —preguntó Mauricio con urgencia.

—Está en el comedor con las demás niñas, señor —respondió Carmen con una calma repentina que resultó mucho más inquietante que su nerviosismo anterior.

Mauricio salió de la oficina casi corriendo. Al llegar al comedor, vio que las mesas estaban vacías. El lugar estaba desierto. Solo quedaba el eco de sus propios pasos. El pánico empezó a apoderarse de él. Corrió de regreso al dormitorio, pero Lucía ya no estaba en su cama. Su mochila seguía allí, abierta, con una pequeña foto vieja de una mujer joven sonriendo en la playa.

—¡Lucía! —gritó Mauricio, pero solo obtuvo el silencio por respuesta.

De repente, un golpe fuerte se escuchó desde el sótano del edificio. Mauricio no lo pensó dos veces. Bajó las escaleras de piedra, donde la oscuridad era casi total. Al llegar al final, vio una luz tenue al fondo de un pasillo lleno de tuberías de vapor. Allí estaba Carmen, sosteniendo a Lucía del brazo, frente a una pesada puerta de hierro que parecía conducir a los antiguos depósitos de carbón.

—Usted no entiende nada, abogado —gritó Carmen, su voz resonando con un eco maníaco—. Ese dinero no era para ella. Ella es solo el fruto de un error que el señor De la Vega quería borrar. Nosotros solo estábamos haciendo el trabajo sucio. ¡Ese dinero nos pertenece por aguantar este infierno!

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—¡Suéltela, Carmen! —exigió Mauricio, sacando su teléfono para marcar a la policía—. Esto es secuestro, malversación y fraude agravado. No tiene escapatoria.

—Tengo 2 millones de razones para escapar —replicó la mujer, empujando a Lucía hacia el interior del depósito y cerrando la puerta con una palanca metálica.

Mauricio se lanzó contra la puerta, pero era demasiado pesada. Escuchó el llanto de la niña desde el otro lado y el sonido de algo que se rompía. No era solo el dinero lo que estaba en juego; era la vida de una inocente que había sido usada como un peón en un juego de ajedrez millonario. La tensión en el aire era insoportable, el vapor de las tuberías empezaba a llenar el pasillo, dificultando la visión.

Mauricio sabía que, si no lograba abrir esa puerta en los próximos minutos, el secreto del millón de dólares se enterraría junto con la última heredera de los De la Vega.

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